Por qué en otoño estás siempre cansado (y lo que hace el campo que tú no haces)

POR Ismael Villalobos
19/10/2026

Ismael con una hoja roja de caqui en su finca en otoño

Duermes y te levantas cansado. Te cuesta arrancar, no te apetece nada y encima te sientes culpable por ello. Lo primero que piensas es que te pasa algo.

Yo lo entendí un día de otoño, mirando el caqui de mi finca. Estaba soltando todas sus hojas, y nadie piensa que un árbol que suelta las hojas esté enfermo.

Tu cuerpo quiere hacer lo mismo que ese árbol. El problema es que tu vida no se lo deja. Te cuento qué te está pasando, por qué nuestra forma de vivir lo empeora y siete cosas concretas para entrar bien en el otoño.

Si lo prefieres ver en el campo, aquí tienes el vídeo: Otoño: por qué estás siempre cansado (y qué hace el campo que tú no haces).

El árbol no pierde la hoja: la suelta

Antes de soltar las hojas, el árbol les quita todo lo que vale: el nitrógeno, el fósforo, los azúcares. Lo baja al tronco y a la raíz. Cuando la hoja ya no tiene nada dentro, fabrica una capa de células en el rabillo y la deja caer.

Hoja de caqui roja a punto de soltarse

Se llama abscisión. El árbol no pierde la hoja. La suelta.

En el campo, el otoño empieza con la luz

El otoño no empieza con el frío. Empieza con la luz.

Desde finales de junio perdemos luz cada día. En octubre, unos dos minutos diarios, sin que nadie te avise. Y ninguna planta mira el calendario: todas miran la luz. La aceituna empieza a cambiar de color, la vid amarillea, la higuera va soltando hojas y el caqui se pone rojo.

Hojas de caqui recién caídas en el suelo de la finca

Tu cuerpo también mira la luz, aunque no te des cuenta.

El reloj que mide luz

Detrás de los ojos, justo encima de donde se cruzan los nervios ópticos, tienes un reloj del tamaño de un grano de arroz. Se llama núcleo supraquiasmático. No mide horas: mide luz.

  • Cuando anochece antes, ese reloj da la orden y el cuerpo empieza a fabricar melatonina, la hormona que te prepara para dormir. Por eso ahora te entra sueño más temprano que en julio.
  • Menos sol es también menos vitamina D.
  • Y menos estímulo para la serotonina, que tiene mucho que ver con el ánimo.

Traducido: te cuesta más arrancar, te acuestas antes, tienes más hambre y estás más plano. Eso tiene nombre en cualquier pueblo: es el bajón de otoño. No es falta de carácter ni de pereza. Es fisiología.

Lo que de verdad cansa: ir contra el otoño

El campo recibe la señal del otoño y frena. Tú recibes la misma señal… y tu vida le manda la contraria:

  • La misma hora de levantarte, ahora a oscuras.
  • Pantallas hasta las doce.
  • Luz blanca en la cocina a las diez de la noche.
  • La misma agenda que en mayo.

Dos señales contrarias a la vez. Eso es lo que cansa. No el otoño: ir contra él. Es como podar en junio o julio.

La mesa cambia

En verano el campo da sandía, melón, tomate: agua, casi todo agua, para aguantar el calor. Ahora da castaña, nuez, granada, membrillo, boniato, calabaza y la primera aceituna. Grasa, almidón, azúcar: comida que llena.

Fruta de otoño en la mesa

La tierra te da, con semanas de antelación, lo que el cuerpo va a necesitar cuando baje el frío. El otoño no te pide comer menos. Te pide comer más hondo.

La medicina ayurvédica, la tradicional de la India, llama a esta época Vata: seca, fría, ligera, en movimiento. Y le receta justo lo contrario: calor, aceite, comida cocinada y, sobre todo, horarios regulares. Otro idioma, la misma conclusión que cualquier abuela del campo.

Lo que se suelta

La medicina tradicional china asocia el otoño al elemento metal, y al metal le corresponden los pulmones y el intestino grueso: lo que entra y lo que se suelta. También le atribuye una emoción, la tristeza, pero no como enfermedad, sino como estación.

Tenemos que aprender a no juzgar las emociones, sino a sentirlas como lo que son, una forma de energía. Sentir tristeza en otoño es normal: no es ni bueno ni malo, es una oportunidad para sentirla y atravesarla.

No te pido que me creas a mí ni a la medicina china. Te pido que mires el calendario de tu propio estado de ánimo y me digas si coincide o no.

El árbol no pelea por sus hojas. Y yo, cuando medito, intento hacer lo mismo con mis pensamientos, sentimientos y emociones: dejarlos caer.

Si el bajón te dura semanas y no te deja dormir ni funcionar, eso ya no es el otoño. Pide ayuda a un profesional de la salud. No pasa nada por pedirla.

Las cuatro labores del otoño

Lo que más me ha enseñado el otoño no es a parar. Me ha enseñado cuatro labores:

  1. Se cosecha y se cuenta. No se cosecha para tener, se cosecha para saber cuánto hay. Haz inventario del año: qué sembraste, qué dio fruto de verdad y qué no salió. Sin adornarlo.
  2. Se guarda semilla de todo lo que ha funcionado, para volver a sembrarlo. Más vale poca y buena: poca, buena y que aguantó el año difícil. Guardar semilla de todo es no guardar de nada.
  3. Se composta. Lo que no salió no se tira: se amontona, se pudre y en primavera es tierra. Un fracaso sin lección es basura. Con lección es abono.
  4. Se planta. Aquí, el mejor momento para plantar un árbol no es la primavera: es ahora. Con la tierra todavía caliente y la lluvia a la vuelta de la esquina, la raíz se agarra durante el otoño y el invierno, mientras por arriba parece no ocurrir nada.

Plantando un plantón en otoño

Mira el vetiver de mis taludes: arriba, un matojo que siego varias veces al año; abajo, raíces de más de dos metros que sujetan la tierra de la terraza. Lo que importa no se ve. Y eso es lo que se trabaja en otoño: la raíz. Dormir, rutina, hábitos, silencio, leer, aprender.

Ismael junto al vetiver del talud

Protocolo de entrada al otoño: siete cosas que no cuestan dinero

Son las que le devuelven a tu cuerpo la señal que el campo ya tiene. Yo lo hago así:

  1. Luz de la mañana. Quince o veinte minutos fuera con las primeras luces, sin gafas de sol y sin mirar directamente al sol. Es una de las señales más fuertes para poner en hora el reloj.
  2. Fija la hora de levantarte. Siempre la misma, y acuéstate media hora antes. El cuerpo pide más sueño: dáselo por delante, no por detrás.
  3. Cena antes y caliente. Dos o tres horas antes de dormir, cocinado, con algo de raíz o tubérculo y una grasa buena, como el aceite de oliva.
  4. Fruta de tierra. Uva, higo, granada, membrillo, un puñado de fruto seco. El melón y la sandía, donde los dejó la tierra: en agosto.
  5. Noche de luz cálida. Después de cenar, fuera las luces del techo: luz baja y cálida, y menos pantalla.
  6. Respiración de otoño. Cinco minutos al día: tomas aire por la nariz durante cuatro segundos, aguantas dos y lo sueltas durante ocho. De forma continuada y rítmica, mejor a primera hora, antes de que empiece el estrés del día. Yo empiezo siempre por aquí mis meditaciones.
  7. La hoja de las tres columnas: cosecha, semilla y compost. La rellenas una vez, con bolígrafo y sin pantalla, y la revisas en marzo.

La hoja de las tres columnas, gratis

La hoja de las tres columnas impresa: la hoja, cómo se rellena y un ejemplo

Tres páginas: la hoja, cómo se rellena en diez minutos y un ejemplo ya rellenado.

Descárgate gratis la hoja de las tres columnas.

Si solo te quedas con una cosa

Bájate el ritmo tú antes de que te lo baje el cuerpo. Suelta lo que ya dio su fruto. Guarda la semilla buena. Composta lo que no salió. Y planta algo nuevo que no vaya a brotar hasta la primavera.

La naturaleza no descansa en invierno: construye raíz. La raíz que lo sostendrá todo en primavera.

Ver el vídeo completo

En el vídeo ves todo esto en la finca: el caqui soltando hojas, la plantación del plantón nacido de semilla y el vetiver del talud. Aquí tienes el vídeo completo.

¿Cuál de las tres columnas te cuesta más rellenar? Cuéntamelo en los comentarios del vídeo o escríbeme desde la página de contacto. Contesto yo.

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